Drácula
Drácula —Tenga cuidado —dijo él—, tenga cuidado de no cortarse. Es más peligroso de lo que usted cree en este paÃs —añadió, tomando el espejo de afeitar—. Y esta maldita cosa es la que ha hecho el follón. Es una burbuja podrida de la vanidad del hombre. ¡Lejos con ella!
Al decir esto abrió la pesada ventana y con un tirón de su horrible mano lanzó por ella el espejo, que se hizo añicos en las piedras del patio interior situado en el fondo.
Luego se retiró sin decir palabra. Todo esto es muy enojoso, porque ahora no veo cómo voy a poder afeitarme, a menos que use la caja de mi reloj o el fondo de mi vasija de afeitar, que afortunadamente es de metal.