Drácula

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—Luego, me habló burlonamente: "¡De modo que usted, como los demás, quería enfrentar su inteligencia a la mía! ¡Quería ayudar a esos hombres a aniquilarme y a frustrar mis planes! Ahora ya sabe usted y todos ellos saben en parte y sabrán plenamente antes de que pase mucho tiempo, qué significa cruzarse en mi camino. Debieron guardar sus energías para usarlas más cerca de sus hogares. Mientras hacían planes para enfrentarse a mí… A mí que he dirigido naciones, que he intrigado por ellas y he luchado por ellas, cientos de años antes de que ellos nacieran, yo los estaba saboteando. Y usted, la bienamada de todos ellos, es ahora mía; es carne de mi carne, sangre de mi sangre, familiar de mi familia; mi prensa de vino durante cierto tiempo; y, más adelante, será mi compañera y ayudante. Será usted vengada a su vez, puesto que ninguno de ellos podrá suplir sus necesidades. Pero ahora debo castigarla por lo que ha hecho aliándose a los demás para combatirme. De ahora en adelante acudirá a mi llamado. Cuando mi mente ordene, pensando en usted, cruzará tierras y mares si es preciso para acudir a mi lado y hacer mi voluntad, y para asegurarme de ello, ¡mire lo que hago!" Entonces, se abrió la camisa, y con sus largas y agudas uñas, se abrió una vena en el pecho. Cuando la sangre comenzó a brotar, tomó mis manos en una de las suyas, me las apretó con firmeza y, con su mano libre, me agarró por el cuello y me obligó a apoyar mi boca contra su herida, de tal modo que o bien me ahogaba o estaba obligada a tragar… ¡Oh, Dios mío! ¡Dios mío! ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho para merecer un destino semejante, yo, que he intentado permanecer en el camino recto durante todos los días de mi vida? ¡Ten piedad de mí, Dios mío! ¡Baja tu mirada sobre mi pobre alma que está sujeta a un peligro más que mortal! ¡Compadécete de mí!


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