Drácula
Drácula —En cuanto a mà —dijo—, no tengo miedo. Las cosas han sido ya tan sumamente malas que no pueden ser peores, y cualquier cosa que suceda debe encerrar algún elemento de esperanza o de consuelo. ¡Vete, esposo mÃo! Dios, si quiere hacerlo, puede ayudarme y defenderme lo mismo si estoy sola que si estoy acompañada por todos ustedes.
Por consiguiente, volvà a comenzar a dar gritos:
—¡Entonces, en el nombre del cielo, vámonos inmediatamente! ¡Estamos perdiendo el tiempo! El conde puede llegar a Piccadilly antes de lo que pensamos.
—¡De ninguna manera! —dijo van Helsing, levantando una mano.
—¿Por qué no? —inquirÃ.
—¿Olvida usted que anoche se dio un gran banquete y que, por consiguiente, dormirá hasta una hora muy avanzada? —dijo, con una sonrisa.