Drácula
Drácula Todos guardaron silencio. Yo mismo me habÃa arrojado a su lado, en medio de una verdadera agonÃa, sintiéndome impotente, y, rodeándola con mis brazos, la mantuve fuertemente abrazada a mÃ. Durante unos minutos, nuestros corazones angustiados batieron al unÃsono, mientras que los amigos que se encontraban cerca de nosotros, volvieron a otro lado sus ojos arrasados de lágrimas. Entonces, van Helsing se volvió y dijo gravemente, en tono tan grave que no pude evitar el pensar que estaba siendo inspirado en cierto modo, y estaba declarando algo que no salÃa de él mismo: