Drácula
Drácula HabÃa esperanza en sus palabras y también consuelo. Además, nos invitaban a resignarnos. Mina y yo lo comprendimos asà y, simultáneamente, tomamos cada uno de nosotros una de las manos del anciano y se la besamos humildemente. Luego, sin pronunciar una sola palabra, todos nos arrodillamos juntos y, tomándonos de la mano, juramos ser sinceros unos con otros y pedimos ayuda y guÃa en la terrible tarea que nos esperaba. Todos los hombres nos esforzamos en retirar de Mina el velo de profunda tristeza que la cubrÃa, debido a que todos, cada quien a su manera, la amábamos.
Era ya hora de partir. Asà pues, me despedà de Mina, de una manera tal que ninguno de nosotros podremos olvidarla hasta el dÃa de nuestra muerte, y nos fuimos. HabÃa algo para lo que estaba ya preparado: si descubrÃamos finalmente que Mina resultaba un vampiro, entonces, no deberÃa ir sola a aquella tierra terrible y desconocida. Supongo que era asà como en la antigüedad un vampiro se convertÃa en muchos; sólo debido a que sus horribles cuerpos debÃan reposar en tierra santa, asimismo el amor más sagrado era el mejor sargento para el reclutamiento de su ejército espectral.