Drácula
Drácula Mientras hablábamos, nos sorprendimos mucho al escuchar una llamada en la puerta principal de la casona: la doble llamada del repartidor de mensajes telegráficos.
Todos salimos al vestÃbulo al mismo tiempo, y van Helsing, levantando la mano hacia nosotros para que guardáramos silencio, se dirigió hacia la puerta y la abrió. Un joven le tendió un telegrama. El profesor volvió a cerrar la puerta y, después de examinar la dirección, lo abrió y leyó en voz alta: "Cuidado con D. Acaba de salir apresuradamente de Carfax en este momento, a las doce cuarenta y cinco, y se ha dirigido rápidamente hacia el sur. Parece que está haciendo una ronda y es posible que desee verlos a ustedes. Mina."
Se produjo una pausa, que fue rota por la voz de Jonathan Harker.
—¡Ahora, gracias a Dios, pronto vamos a encontrarnos! Van Helsing se volvió rápidamente hacia él, y le dijo:
—Dios actuará a su modo y en el momento que lo estime conveniente. No tema ni se alegre todavÃa, puesto que lo que deseamos en este momento puede significar nuestra destrucción.
—Ahora no me preocupa nada —dijo calurosamente—, excepto el borrar a esa bestia de la faz de la tierra. ¡SerÃa capaz de vender mi alma por lograrlo!