Drácula
Drácula —¡No diga usted eso, amigo mÃo! —dijo van Helsing—. Dios en su sabidurÃa no compra almas, y el diablo, aunque puede comprarlas, no cumple su palabra. Pero Dios es misericordioso y justo, y conoce su dolor y su devoción hacia la maravillosa señora Mina, su esposa. No temamos ninguno de nosotros; todos estamos dedicados a esta causa, y el dÃa de hoy verá su feliz término. Llega el momento de entrar en acción; hoy, ese vampiro se encuentra limitado con los poderes humanos y, hasta la puesta del sol, no puede cambiar. Tardará cierto tiempo en llegar… Es la una y veinte… , y deberá pasar un buen rato antes de que llegue. Lo que debemos esperar ahora es que lord Arthur y Quincey lleguen antes que él.