Drácula
Drácula Repentinamente, con un salto enorme, penetró en la habitación, pasando entre nosotros antes de que ninguno pudiera siquiera levantar una mano para tratar de detenerlo. HabÃa algo tan felino en el movimiento, algo tan inhumano, que pareció despertarnos a todos del choque que nos habÃa producido su llegada. El primero en entrar en acción fue Harker, que, con un rápido movimiento, se colocó ante la puerta que conducÃa a la habitación del frente de la casa. Cuando el conde nos vio, una especie de siniestro gesto burlón apareció en su rostro, descubriendo sus largos y puntiagudos colmillos; pero su maligna sonrisa se desvaneció rápidamente, siendo reemplazada por una expresión frÃa de profundo desdén. Su expresión volvió a cambiar cuando, todos juntos, avanzamos hacia él. Era una lástima que no hubiéramos tenido tiempo de preparar algún buen plan de ataque, puesto que en ese mismo momento me pregunté qué era lo que Ãbamos a hacer. No estaba convencido en absoluto de si nuestras armas letales nos protegerÃan. Evidentemente, Harker estaba dispuesto a ensayar, puesto que preparó su gran cuchillo kukri y le lanzó al conde un tajo terrible. El golpe era poderoso; solamente la velocidad diabólica de desplazamiento del conde le permitió salir con bien.