Drácula
Drácula Levantó una mano, a manera de advertencia, al tiempo que hablaba, ya que todos pudimos oÃr claramente que una llave se introducÃa suavemente en la cerradura.
No pude menos que admirar, incluso en aquel momento, el modo como un espÃritu dominante se afirma a sà mismo. En todas nuestras partidas de caza y aventuras de diversa Ãndole, en varias partes del mundo, Quincey Morris habÃa sido siempre el que disponÃa los planes de acción y Arthur y yo nos acostumbramos a obedecerle de manera implÃcita. Ahora, la vieja costumbre parecÃa renovarse instintivamente. Dando una ojeada rápida a la habitación, estableció inmediatamente nuestro plan de acción y, sin pronunciar ni una sola palabra, con el gesto, nos colocó a todos en nuestros respectivos puestos. Van Helsing, Harker y yo estábamos situados inmediatamente detrás de la puerta, de tal manera que, en cuanto se abriera, el profesor pudiera guardarla, mientras Harker y yo nos colocarÃamos entre el recién llegado y la puerta. Godalming detrás y Quincey enfrente, estaban dispuestos a dirigirse a las ventanas, escondidos por el momento donde no podÃan ser vistos. Esperamos con una impaciencia tal que hizo que los segundos pasaran con una lentitud de verdadera pesadilla. Los pasos lentos y cautelosos atravesaron el vestÃbulo… El conde, evidentemente, estaba preparado para una sorpresa o, al menos, la temÃa.