Drácula
Drácula Hizo una pausa y la recorrió un estremecimiento, que aumentó de intensidad durante unos segundos, hasta que, finalmente, temblaba como en un ataque. No dijo nada más; ni siquiera en respuesta al interrogatorio imperioso del profesor. Cuando volvió del trance, estaba fría, agotada de cansancio y lánguida, pero su mente estaba bien despierta. No logró recordar nada; preguntó qué había dicho, y reflexionó en ello durante largo rato, en silencio.
30 de octubre, a las siete de la mañana. Estamos cerca de Galatz ya y es posible que no tenga tiempo para escribir más tarde. Todos esperamos ansiosamente la salida del sol esta mañana. Conociendo la dificultad creciente de procurar el trance hipnótico, van Helsing comenzó sus pases antes que nunca. Sin embargo, no produjeron ningún efecto, hasta el tiempo regular, cuando ella respondió con una dificultad creciente, sólo un minuto antes de la salida del sol. El profesor no perdió tiempo en interrogarla. Su respuesta fue dada con la misma rapidez:
—Todo está oscuro. Siento pasar el agua cerca de mis orejas, al mismo nivel, y el raspar de madera contra madera. Oigo ganado a lo lejos. Hay otro sonido, uno muy extraño, como…
Guardó silencio y se puso pálida, intensamente pálida.