Drácula
Drácula 28 de mayo. Se me ofrece una oportunidad para escaparme, o al menos para enviar un par de palabras a casa. Una banda de cÃngaros ha venido al castillo y han acampado en el patio interior. Estos no son otra cosa que gitanos; tengo ciertos datos de ellos en mi libro. Son peculiares de esta parte del mundo, aunque se encuentran aliados a los gitanos ordinarios en todos los paÃses. Hay miles de ellos en HungrÃa y Transilvania viviendo casi siempre al margen de la ley. Se adscriben por regla a algún noble o boyar, y se llaman a sà mismos con el nombre de él. Son indomables y sin religión, salvo la superstición, y sólo hablan sus propios dialectos.
Escribiré algunas cartas a mi casa y trataré de convencerlos de que las pongan en el correo. Ya les he hablado a través de la ventana para comenzar a conocerlos. Se quitaron los sombreros e hicieron muchas reverencias y señas, las cuales, sin embargo, no pude entender más de lo que entiendo la lengua que hablan…
He escrito las cartas. La de Mina en taquigrafÃa, y simplemente le pido al señor Hawkins que se comunique con ella. A ella le he explicado mi situación, pero sin los horrores que sólo puedo suponer. Si le mostrara mi corazón, le darÃa un susto que hasta podrÃa matarla. En caso de que las cartas no pudiesen ser despachadas, el conde no podrá conocer mi secreto ni tampoco el alcance de mis conocimientos…