El Huésped de Drácula
El HuĂ©sped de Drácula —Tiene usted miedo, Johann… tiene usted miedo. Regrese, yo volverĂ© solo; un paseo a pie me sentará bien. —La puerta del carruaje estaba abierta. TomĂ© del asiento el bastĂłn de roble que siempre llevo en mis excursiones y cerrĂ© la puerta. SeñalĂ© el camino de regreso a MĂşnich y repetĂ—: Regrese, Johann… La noche de Walpurgis no tiene nada que ver con los ingleses.
Los caballos estaban ahora más inquietos que nunca y Johann intentaba retenerlos mientras me imploraba excitadamente que no cometiera tal locura. Me daba pena el pobre hombre, parecĂa sincero; no obstante, no pude evitar el echarme a reĂr. Ya habĂa perdido todo rastro de inglĂ©s en sus palabras. En su ansiedad, habĂa olvidado que la Ăşnica forma que tenĂa de hacerme comprender era hablar en mi idioma, asĂ que chapurreĂł su alemán nativo. Comenzaba a ser algo tedioso. Tras señalar la direcciĂłn, exclamĂ©: «¡Regrese!», y me di la vuelta para bajar por el camino lateral, hacia el valle.