El Huésped de Drácula
El HuĂ©sped de Drácula Como respuesta, se lanzĂł a desgranar una larga historia en alemán y en inglĂ©s, tan mezclados que casi no podĂa comprender lo que decĂa, pero a grandes rasgos logrĂ© entender que hacĂa muchos cientos de años habĂan muerto allĂ personas que habĂan sido enterradas; y se habĂan oĂdo ruidos bajo la tierra, y cuando se abrieron las fosas se hallaron a los hombres y mujeres con el aspecto de vivos y las bocas rojas de sangre. Y por eso, buscando salvar sus vidas (¡ay, y sus almas!… y aquĂ se persignĂł de nuevo), los que quedaron huyeron a otros lugares donde los vivos vivĂan y los muertos estaban muertos y no… no otra cosa. Evidentemente tenĂa miedo de pronunciar las Ăşltimas palabras. Mientras avanzaba en su narraciĂłn, se iba excitando más y más, parecĂa como si su imaginaciĂłn se hubiera desbocado, y terminĂł en un verdadero paroxismo de terror: blanco el rostro, sudoroso, tembloroso y mirando a su alrededor, como si esperase que alguna horrible presencia se fuera a manifestar allĂ mismo, en la llanura abierta, bajo la luz del sol. Finalmente, en una agonĂa de desesperaciĂłn, gritĂł: «Walpurgis Nacht!», e hizo una seña hacia el vehĂculo, indicándome que subiera. Mi sangre inglesa hirviĂł ante esto y, echándome hacia atrás, dije: