El Huésped de Drácula
El HuĂ©sped de Drácula El terreno que cruzaba ahora era mucho más pintoresco. No habĂa ningĂşn punto especial digno de menciĂłn, pero en todo Ă©l se notaba cierto encanto y belleza. No pensĂ© más en el tiempo, y fue sĂłlo cuando empezĂł a hacerse notar el oscurecimiento del sol que comencĂ© a preocuparme acerca de cĂłmo hallar el camino de vuelta. HabĂa desaparecido la brillantez del dĂa. El aire era frĂo, y el vuelo de las nubes allá en lo alto mucho más evidente. Iban acompañadas por una especie de sonido ululante y lejano, por entre el que parecĂa escucharse a intervalos el misterioso grito que el cochero habĂa dicho que era de un lobo. DudĂ© un momento, pero me habĂa prometido ver el pueblo abandonado, asĂ que proseguĂ, y de pronto lleguĂ© a una amplia extensiĂłn de terreno llano, cerrado por las colinas que lo rodeaban. Las laderas de Ă©stas estaban cubiertas de árboles que descendĂan hasta la llanura, formando grupos en las suaves pendientes y depresiones visibles aquĂ y allá. SeguĂ con la vista el serpentear del camino y vi que trazaba una curva cerca de uno de los más densos grupos de árboles y luego se perdĂa tras Ă©l.