El Huésped de Drácula
El Huésped de Drácula Como respuesta, pareció zambullirse desde el pescante por lo rápidamente que llegó al suelo. Entonces extendió sus manos hacia mà en gesto de súplica y me imploró que no fuera. Mezclaba el suficiente inglés con su alemán como para que yo entendiese el hilo de sus palabras. ParecÃa estar siempre a punto de decirme algo, cuya sola idea era evidente que le aterrorizaba; pero cada vez se echaba atrás y decÃa mientras se persignaba:
—Walpurgis Nacht!
Traté de argumentar con él pero era difÃcil discutir con un hombre cuyo idioma no hablaba. Ciertamente, él tenÃa todas las ventajas, pues aunque comenzaba hablando en inglés, un inglés muy burdo y entrecortado, siempre se excitaba y acababa por revertir a su idioma natal… y cada vez que lo hacÃa miraba su reloj. Entonces los caballos se mostraron inquietos y olisquearon el aire. Ante esto, palideció y, mirando a su alrededor de forma asustada, saltó de pronto hacia adelante, los aferró por las bridas y los hizo avanzar unos diez metros. Yo le seguà y le pregunté por qué habÃa hecho aquello. Como respuesta, se persignó, señaló al punto que habÃa abandonado y apuntó con su látigo hacia el otro camino, indicando una cruz y diciendo, primero en alemán y luego en inglés:
—Enterrados…, estar enterrados los que matarse ellos mismos.
