La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —¿Quiere usted decir —repliqué—, que en las únicas ocasiones en que realmente se infligió algún daño al señor Trelawny, su hija fue la primera en descubrirlo, y que esto lo lleva a suponer que es la autora o que está relacionada de algún modo no sólo con su descubrimiento, sino con la agresión…?
—No me atrevÃa a expresarlo de manera tan clara, pero a eso es a lo que me han conducido mis conclusiones.
El sargento Daw era un hombre valiente; evidentemente, no temÃa las consecuencias de sus razonamientos.
Permanecimos en silencio, y en mi mente empezó a asomar el miedo. No porque dudara de la señorita Trelawny ni de lo que pudiese hacer, sino de que esto último pudiera ser mal interpretado. Estaba claro que en aquella casa habÃa algún misterio, y si no se encontraba pronto una respuesta, las sospechas recaerÃan sobre alguien. En tales casos, la mayorÃa de la gente suele seguir la lÃnea que ofrece menor resistencia y, si lograba demostrarse que de la muerte del señor Trelawny resultaba beneficiada alguna persona, serÃa muy difÃcil probar la inocencia de ésta. Por consiguiente, resolvà ayudar a la señorita Trelawny hasta donde me fuera posible, oyendo sus explicaciones y tratando de comprenderlas. Cuando llegase el momento de discutir acerca de las diversas deducciones, yo emplearÃa todas mis armas para defenderla.