La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »Examinemos, en primer lugar, los hechos. Aquí tenemos a un hombre en su casa, rodeado de sus familiares y criados, siendo estos últimos de temperamentos muy diversos, lo que excluye la posibilidad de que la agresión haya sido planeada en las habitaciones de la servidumbre. Ese hombre es rico, instruido, inteligente, tenaz y resuelto. Su hija, su única hija, según tengo entendido, es una joven lista y encantadora que duerme en la habitación contigua a la suya. Al parecer, no existe razón alguna para temer una agresión, no se da una circunstancia favorable para que ésta sea llevada a cabo por alguien ajeno a la casa. Sin embargo, el ataque, cruel y brutal, se produce, y en plena noche. Se descubre rápidamente, con una celeridad que, en los casos criminales, no suele resultar accidental sino premeditada. El autor o autores de la agresión ven frustrado su objetivo, cualquiera que éste fuera, antes de que puedan llevarlo a cabo. Aun así, no existe indicio de que hayan huido; ni huellas ni desorden, tampoco puertas o ventanas abiertas, ningún ruido. En resumidas cuentas, no hay nada que pueda demostrar quién ha cometido el delito y ni siquiera que éste haya tenido lugar, a excepción de la víctima y el estado en que se encuentra.