La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Éste es otro de los misterios de mi padre. Siempre que le pregunté por él respondió que, a excepción de una cosa, no tenÃa nada más valioso. Y cuando quise saber qué era, se negó a explicármelo y me prohibió que insistiera. «Te lo diré cuando llegue el momento oportuno —contestó—. Si vivo hasta entonces…».
Me intrigaron profundamente estas últimas palabras: «Si vivo hasta entonces». Aquellas tres cosas, el sarcófago, el cofre y la mano, parecÃan constituir una trinidad arcana y misteriosa.
En ese instante solicitaron la presencia de la señorita Trelawny para que se ocupara de cierto asunto doméstico. Entretanto, me dediqué a examinar otras curiosidades que habÃa en la estancia, pero ninguna me pareció tan interesante como aquéllas. Más tarde, ese mismo dÃa, me dirigà hacia el saloncito donde Margaret se encontraba conversando con el ama de llaves sobre el alojamiento del señor Corbeck. Dudaban entre ubicarlo en una habitación cercana a la del señor Trelawny o en otra muy alejada, y quisieron conocer mi opinión. Les aconsejé que le adjudicasen esta última y, en caso de que fuese necesario, que lo trasladasen a la más próxima. Cuando la señora Grant se hubo marchado, pregunté a la joven cómo se explicaba que los muebles de aquella salita fuesen tan distintos de los que habÃa en las restantes habitaciones de la casa.