La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —No se preocupe, señor Corbeck —contestó el detective—. Me gusta ver a la gente enfadada, porque cuando lo está suele decir la verdad. ¡Ése es mi sistema! Y le aseguro que en dos minutos me ha revelado más acerca de esas lámparas que cuando me explicó detalladamente cómo identificarlas.
El señor Corbeck dejó escapar un gruñido; el que se hubiera puesto en evidencia no le complacÃa, pero se volvió hacia mà y, con su tono más natural, dijo:
—Ahora, explÃqueme cómo han recuperado estas lámparas.
Me tomó tan de sorpresa, que sin pensarlo respondÃ:
—No las hemos recuperado.
—¿Qué significa eso? —preguntó estupefacto—. ¿Que no las han recuperado? ¡Pero si las tiene usted ante sus ojos! Y cuando entramos estaba examinándolas.
—¡Precisamente! —contesté—. Las encontramos por casualidad, un momento antes de que ustedes llegasen.
El señor Corbeck se volvió con expresión de extrañeza hacia la señorita Trelawny, luego me miró otra vez, e inquirió: