La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —¿Pretende usted decirme que ninguno de los dos ha traído estas lámparas y que las hallaron casualmente dentro del cajón? ¿Debo entender, entonces, que nadie las ha devuelto?
—Supongo que alguien las habrá traído; por sí solas no creo que pudiesen llegar aquí, pero ni la señorita ni yo sabemos quién lo hizo ni cómo ni cuándo. Preguntaremos a los criados, para ver si alguno sabe algo acerca de esto.
Guardamos silencio por unos segundos, al cabo de los cuales Daw exclamó:
—¡Qué me aspen! ¡Oh!, perdone usted señorita. —Y cerró la boca.
Llamamos a los criados, uno por uno, para preguntarles si sabían algo acerca de los objetos hallados en el cajón de la salita. Pero ninguno respondió nada que arrojase luz sobre aquel nuevo misterio. No les dijimos de qué objetos se trataba, ni tampoco se los mostramos.