La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas El señor Corbeck envolvió las lámparas con algodón en rama y las metió en una caja de hojalata. Después, la llevamos a la habitación de los detectives, donde uno de ellos la vigilaría durante toda la noche, revólver en mano. Al día siguiente, la guardamos en una pequeña caja de caudales que tenía dos llaves; yo me quedé con una, mientras la otra fue depositada en una gaveta de mi propiedad en la caja de seguridad de un banco. Estábamos decididos a que aquellas lámparas no volviesen a desaparecer.
Una hora después de haberlas hallado, llegó el doctor Winchester. Traía consigo un gran paquete que contenía la momia de un gato. Tras pedir permiso a la señorita Trelawny, la llevó al saloncito, y de inmediato situó a Silvio delante de ella. Con gran sorpresa para todos, exceptuando, quizás, al propio doctor Winchester, el animal no manifestó el menor disgusto; ni siquiera hizo caso del gato embalsamado. Estaba en una mesa, muy cerca de éste, y roncaba con gran satisfacción. Siguiendo con su plan, el doctor Winchester cogió el gato y fue con él a la habitación donde yacía el paciente. Todos lo seguimos, muy ansiosos, en especial la señorita Trelawny, e interesados. El detective se mostraba frío y tranquilo, pero el señor Corbeck no podía ocultar su curiosidad.