La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Observe —dijo el doctor—. El brazo ha recibido varios cortes o rasgaduras paralelos que nacen en el lado izquierdo de la muñeca y en algunos puntos ponen en peligro la arteria radial. Esas heridas profundas y desiguales al parecer han sido causadas con un instrumento romo. Ésta en particular tiene el aspecto de haber sido hecha con un objeto muy afilado; la carne en los bordes presenta hendiduras. —Se volvió hacia la señorita Trelawny y añadió—: ¿PodrÃamos quitar esa pulsera? No es absolutamente necesario, pero proporcionarÃa cierto alivio al paciente.
La joven suspiró, visiblemente impresionada, y dijo en voz baja:
—No lo sé. Hace poco tiempo que vivo con mi padre y apenas conozco sus costumbres o sus ideas.
El médico la miró fijamente y dijo con tono amable:
—Le ruego que me perdone; no lo sabÃa. En cualquier caso, no tiene por qué preocuparse. Ya le he dicho que no es imprescindible que se la quitemos. Además, lo harÃa bajo mi responsabilidad, siempre que lo considerase necesario. ¡Mire!, hay una llave pequeña sujeta a la pulsera…