La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »Su respuesta me impresionó:
»—¡Porque allà encontraremos la momia! Estoy seguro de ello. —Y anticipándose a cualquier duda o réplica, añadió—: Aguarde y lo comprobará.
»Y, de nuevo, se envolvió en su manta.
»Cuando volvimos sobre nuestros pasos los árabes se mostraron muy sorprendidos, y más de uno muy poco satisfecho. Algunos discutieron nuestra decisión, otros desertaron, de modo que al reemprender nuestro viaje hacia el este nuestra partida estaba muy mermada. Al principio, el jeque no manifestó curiosidad alguna acerca de nuestro destino, pero cuando cayó en la cuenta de que regresábamos al valle del Hechicero, se mostró preocupado. A medida que nos aproximábamos, su desasosiego era mayor, y cuando ya estábamos en la entrada del sepulcro, se detuvo y se negó a proseguir. Dijo que, si nos parecÃa bien ir solos, aguardarÃa a que regresásemos. PermanecerÃa allà por tres dÃas, y si al término de ellos no estábamos de regreso, se marcharÃa. Le ofrecimos dinero para que cambiase de idea, pero fue inútil. Sólo accedió, y eso después de muchos ruegos, a ir por las escalas y llevarlas al pie de la roca. Luego, él y sus hombres retrocedieron hasta la entrada del valle.