La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »Una mañana temprano me hizo llamar con urgencia. Yo estaba estudiando en el Museo Británico y habÃa alquilado unas habitaciones en la calle Hart Street. Cuando me presenté en la casa lo encontré muy excitado, tal vez tanto como cuando se enteró de la muerte de su esposa. Me condujo de inmediato a su dormitorio. Las ventanas estaban cerradas, impidiendo la entrada de la luz diurna. La estancia se hallaba iluminada por unas cuantas lámparas eléctricas muy potentes, de cien bujÃas cada una, por lo menos, dispuestas contra una de las paredes. La mesita en que estaba el cofre heptagonal habÃa sido ubicada en el centro de la habitación, y bajo la luz éste tenÃa un aspecto maravilloso, como si dentro de él resplandeciera algo.
»—¿Qué le parece? —me preguntó.
»—Tiene aspecto de joya —respond×. Por algo lo llama usted el Cofre Mágico, ya que a menudo lo parece. Incluso podrÃa creerse que está vivo.
»—¿Imagina usted por qué?
»—Supongo que a causa del resplandor de la luz.
»—Por supuesto —dijo—. Pero en realidad se debe al modo en que la luz está dispuesta.
»Mientras hablaba, apagó las lámparas y encendió las luces habituales de la estancia. El efecto sobre el cofre fue sorprendente. Aunque seguÃa siendo un objeto muy hermoso, parecÃa de piedra, y nada más.