La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Estuve a punto de interrumpirlo para decirle que ella ya habÃa admitido su ignorancia sobre estos asuntos, pero ella me indicó con un ademán de la mano que no lo hiciera, y contestó:
—Desgraciadamente, sé muy poco. El comisario Dolan y el señor Ross pueden decÃrselo.
—Muy bien, señorita. Nos contentaremos con lo poco que tenemos —respondió el sargento—. Comenzaré por hacer un examen minucioso. ¿Dice usted que se encontraba al otro lado de la puerta cuando oyó ese ruido extraño?
—Yo estaba en mi habitación, y me despertó. Me levanté de inmediato. La puerta del dormitorio de mi padre se hallaba cerrada. PodÃa ver el rellano y los escalones superiores de la escalera. Nadie podrÃa haber salido de la habitación sin que yo lo advirtiese, si es a eso a lo que se refiere.
—Pues eso es exactamente a lo que me referÃa, señorita. Si todos aquellos con quienes hable son tan elocuentes como usted, pronto llegaremos al fondo de este asunto. De modo que debo suponer que quien haya atacado a su padre aún estaba en la habitación de éste cuando usted entró.
El sargento dijo esta última frase con tono interrogativo, pero nadie respondió. A continuación se acercó a la cama, la observó detenidamente, y preguntó:
—¿Ha tocado alguien esta cama?