La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Esa mujer era extraordinariamente previsora. Al parecer, pudo ver claro a través de la debilidad de su propia religión y se preparó para renacer en un mundo diferente. Todas sus aspiraciones tendÃan hacia el norte. Sus ojos debieron de sentirse atraÃdos desde el primer instante por las siete estrellas del Carro. Tal vez, según rezaban los jeroglÃficos de su tumba, porque en el instante de su nacimiento cayó un gran aerolito de cuyo interior se extrajo la Joya de las Siete Estrellas, que ella consideraba su talismán. Al parecer, rigió de tal manera su destino que todos sus pensamientos y cuidados giraban en torno a ella. El Cofre Mágico heptagonal, tan maravillosamente tallado, también procedÃa del aerolito. Su número mágico era el siete, lo cual no debe extrañarnos. TenÃa siete dedos en una mano, y otros tantos en uno de los pies. PoseÃa ese talismán hecho con un rubÃ, en el cual habÃa siete estrellas en la misma posición que la constelación que regÃa su nacimiento y, además, cada una de esas sietes estrellas tenÃa siete puntas, lo cual constituye una verdadera maravilla geológica. No es raro que se sintiera atraÃda por tales coincidencias. Además, según vimos en la estela del sepulcro, nació en el séptimo mes del año, aquel en que comienza la inundación del Nilo. La diosa que presidÃa ese mes era Hathor, la divinidad de la casa de los Antef, de la dinastÃa tebana, y que, en sus varias formas, simboliza la belleza, el placer y la resurrección. También es este séptimo mes, que de acuerdo con la astronomÃa egipcia empezaba en nuestro veintiocho de octubre y terminaba el veintisiete de noviembre, la estrella más lejana del Carro aparece, en el séptimo dÃa, por encima del horizonte de Tebas.