La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —¡El gato! —exclamó el doctor Winchester—. El gato momificado. Ya me lo figuraba.
—Exacto —corroboró el señor Trelawny con una sonrisa—. Hay toda clase de indicios que apuntan a que el espÃritu familiar de la reina hechicera era ese gato, que fue momificado al mismo tiempo que ella. Y no sólo lo metieron en la tumba de la reina, sino en su sarcófago. Ése fue el que me mordió la muñeca y me arañó con sus afiladas garras.
—En tal caso, mi pobre Silvio no es culpable de nada —intervino Margaret—. Me alegro mucho de saberlo.
El señor Trelawny acarició la mano de su hija y prosiguió: