La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Ahora vamos a la cuestión del momento en que la reina Tera tenía intención de resucitar. Estamos en contacto con algunos de los más elevados cálculos astronómicos relacionados con la verdadera orientación. Tal como ustedes saben, los astros modifican sus posiciones relativas en el firmamento, pero, a pesar de que las verdaderas distancias que recorren superan cualquier comprensión normal, los efectos, tal y como nosotros los vemos, resultan muy pequeños. Aun así, son susceptibles de medición, no por años, por supuesto, sino por siglos. Por este medio sir John Herschel llegó a la fecha de la construcción de la Gran Pirámide… una fecha establecida a través del cálculo del tiempo necesario para que la estrella del verdadero norte pase de Draconis a la Estrella Polar, y confirmada desde entonces por posteriores descubrimientos. De lo dicho se deduce, sin el menor asomo de duda, que la astronomía era una ciencia exacta para los egipcios, por lo menos mil años antes de la época de la reina Tera. Ahora bien, los astros que forman una constelación cambian a lo largo del tiempo sus posiciones relativas, y la Osa Mayor constituye un notable ejemplo de ello. El cambio de la posición de las estrellas es tan pequeño, incluso a lo largo de cuarenta siglos, que un ojo que no esté acostumbrado a las observaciones más detalladas apenas lo distingue, pero se puede medir y comprobar. ¿Alguno de ustedes ha observado con cuánta precisión las estrellas del rubí corresponden a la posición de las estrellas de la Osa Mayor, y que lo mismo ocurre con las zonas translúcidas del Cofre Mágico?