La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Todos asentimos con la cabeza.
—Tienen mucha razón —prosiguió él—. Coinciden exactamente. Y, sin embargo, cuando la reina Tera fue depositada en su tumba, ni las estrellas de la alhaja ni las zonas translúcidas del cofre correspondÃan a la posición de las estrellas de la constelación tal como estaban entonces.
Nos miramos los unos a los otros mientras él hacÃa una pausa; una nueva luz parecÃa iluminar los hechos. Con tono de misterio en la voz, el señor Trelawny añadió:
—¿Comprenden ustedes el significado de todo eso? ¿Acaso no arroja una luz sobre el propósito de la reina? Ella, que se guiaba por los augurios, la magia y la superstición, eligió con toda naturalidad para su resurrección una época que parecÃa sugerida por los mismÃsimos Altos Dioses, los cuales habÃan enviado su mensaje a través de un rayo procedente de otros mundos. Puesto que semejante momento habÃa sido elegido por la sabidurÃa celeste, ¿no serÃa una suprema muestra de sabidurÃa humana servirnos de él? Y, de este modo —aquà su voz se hizo más sonora y vibró a causa de la intensidad de la emoción—… a nosotros y a nuestra época se nos ha dado la oportunidad de contemplar el prodigio del mundo antiguo, cosa de la que ninguno de nuestros contemporáneos ha tenido el privilegio de disfrutar y que tal vez jamás vuelve a ocurrir.