La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Quedaba la posibilidad de que existiera alguna clase de relación entre Margaret y la reina momificada, en el caso de que la magia tuviera la facultad de transmutarse en otra mujer. Esta teoría no podía rechazarse fácilmente. La existencia de demasiadas circunstancias sospechosas parecía confirmarla. Reparé de pronto en algunos hechos incomprensibles que habían rodeado nuestras vidas durante los últimos días. Eso me produjo cierto consuelo, pues trataba ya con hechos evidentes, aunque desagradables, pues tal vez perjudicaran a Margaret. Deseaba luchar por ella, pero sentía que lo hacía a ciegas. Mi mejor arma en su defensa era la verdad. Debía, pues, saber y entender, para estar en condiciones de actuar. Para ello debía considerar los hechos.
El primero era el extraño parecido de la reina Tera con Margaret, quien nació en otro país situado a miles de kilómetros de distancia, donde su madre no tenía posibilidad alguna de conocer el aspecto de aquella reina.
Segundo: la desaparición del libro de Van Huyn, del que sólo pude leer hasta llegar a la descripción de la gema.