La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Hasta aquella mañana las alteraciones en la personalidad de Margaret fueron poco notables. A excepción de una o dos veces, su actitud hacia mà se manifestó de manera clara. Pero ahora ocurrÃa lo contrario. Aquel cambio era un mal presagio. Tal vez la otra entidad perteneciese a una categorÃa inferior. Al pensar en ello, sentà temor. En la historia de la momia, desde que Van Huyn entrara en la tumba, la lista de muertes que conocÃamos, y que probablemente se habÃan debido a su voluntad e intervención, era asombrosa y terrible. El árabe que robó la mano separándola de su cuerpo; el jeque que quiso robar la joya de Van Huyn y en cuya garganta aparecieron las marcas rojizas de siete dedos. Cuando Trelawny procedÃa a llevarse el sarcófago, dos hombres murieron, y otros tres al entrar de nuevo en la tumba. También le ocurrió lo mismo al árabe que abrió el serdab secreto. Esto hacÃa nueve muertos, uno de ellos asesinado, sin duda, por la mano de la reina. Aparte de eso, era preciso recordar las distintas agresiones de que habÃa sido objeto el señor Trelawny en su propia habitación, cuando Tera, ayudada por su espÃritu familiar, el gato, trató de abrir la caja fuerte para sacar la joya. La precaución de sujetar la llave a una pulsera de acero tuvo, finalmente, los resultados esperados, pero estuvo a punto de costarle la vida al señor Trelawny.