La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Si la reina, deseosa de resucitar en las condiciones que había escogido no dudó en derramar sangre, ¿qué no sería capaz de hacer en caso de que sus propósitos se viesen frustrados? ¿Qué terrible decisión podría tomar para la consecución de sus deseos? ¿Cuál sería su propósito definido? Todo cuanto sabíamos con certeza era que se proponía resucitar y que quería hacerlo en el norte. También era evidente que aquella resurrección debía haberse producido en la solitaria tumba del valle del Hechicero. Para ello, Tera hizo todos los preparativos necesarios, e incluso dispuso la manera de abandonar el sepulcro cuando hubiese vuelto a la vida. La tapa del sarcófago no estaba fija. Las jarras de aceite, aunque herméticamente cerradas para que el contenido no mermase con el paso del tiempo, podían abrirse con facilidad. Hasta había previsto que para producir la llama hubiese allí eslabón y pedernal. Violando la tradición, el pozo de la momia quedó abierto y, además, junto a la puerta de la roca había una cadena de hierro que le permitiría descender hasta el suelo del valle. Pero ignorábamos por completo cuáles podían ser sus intenciones posteriores. Y, en el caso de que deseara empezar la nueva vida como una persona humilde, había en ello tanta nobleza que no pude por menos de sentir simpatía hacia la reina y desearle que sus esfuerzos se viesen coronados por el éxito.