La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Guardó silencio y Margaret, acercándose a él, le estrechó cálida y fuertemente la mano. De pronto, en el rostro de ella apareció aquella expresión que tantas veces había advertido en los últimos días, aquel misterioso velo sobre su personalidad que parecía separarme de mi amada. El señor Trelawny no dio muestras de reparar en ello, pero cuando dejó de hablar Margaret recobró súbitamente su verdadera personalidad. Sus hermosos ojos se llenaron de lágrimas y, en su gesto de amor y admiración, se inclinó para besar la mano de su padre. Luego, se volvió hacia mí y dijo: