La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Has hablado, Malcolm, de las muertes que causó la infortunada reina, o, mejor dicho, de las que se derivaron de la intromisión en sus preparativos y del deseo de arruinar sus proyectos. ¿No comprendes cuán injusto has sido? ¿Quién no habrÃa hecho lo mismo que ella? ¡Recuerda que luchaba por su propia vida! Y por mucho más que eso, pues defendÃa la vida, el amor y todas las gloriosas posibilidades de su futuro, incierto todavÃa, en el desconocido mundo del norte que tan encantadoras esperanzas le ofrecÃa. ¿No crees que ella, con toda la sabidurÃa de su tiempo y con la fuerza enorme de su poderosa naturaleza, deseaba proyectar de un modo aún más sublime las elevadas aspiraciones de su alma? Si tus deseos estuvieran a punto de verse frustrados por la horrible mano de un asesino o un ladrón, ¿no habrÃas luchado denodadamente para alcanzar la vida y la esperanza, cuyas posibilidades crecÃan a medida que pasaban los años? Imagina esa mente, aguardando a que llegase el momento definitivo mientras su cuerpo mortal permanecÃa protegido por todo lo que ordenaban la ciencia y la religión de su tiempo, y, entretanto, su espÃritu, libre, recorrÃa un mundo tras otro en las vastas regiones que se extienden entre las estrellas. ¿No tenÃan acaso esas estrellas, en su vida múltiple e infinita, lecciones que darle, del mismo modo que nos las dieron a nosotros cuando seguimos el glorioso sendero que ella y su gente nos señalaron al enviar su imaginación volando en cÃrculos entre las lámparas de la noche?