La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Estimado señor, estaba preparada para semejante eventualidad. En la época en que vivió la reina también debÃan de existir ladrones de tumbas. Y no sólo estaba preparada sino que lo esperaba, de acuerdo con las evidencias. El que hubiese ocultado las lámparas es una prueba de ello. Sin embargo, existen indicios, profundamente crÃpticos, de que previo también el que alguien la ayudara a completar su trabajo cuando el momento llegase y de eso es, precisamente, de lo que he venido hablando. ¡La pista está ahà para quien quiera verla!
—Padre —intervino Margaret—, ¿puedes darme ese plano? Me gustarÃa estudiarlo.
—Desde luego, querida —contestó el señor Trelawny, y se lo entregó. A continuación procedió a impartir sus instrucciones, pero cambiando de tono, como si no se tratase de algo misterioso sino eminentemente práctico—: Será mejor que entiendan cómo funciona la luz eléctrica, por si se presenta un imprevisto. Habrán observado que toda la casa dispone de ella, pues es necesario que ni un solo rincón permanezca a oscuras. La fuente proviene de unas turbinas que funcionan gracias al flujo de las mareas, como ocurre con las turbinas del Niágara. ConfÃo en que no sufran ningún desperfecto y que podamos utilizarlas en el momento oportuno. Acompáñenme y les enseñaré cómo funciona el sistema de circuitos.