La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas A mi regreso, vi que todos se disponÃan a tomar el té. Los hombres tenÃan aspecto grave. En cambio, Margaret estaba alegre y de buen talante, aunque no observé en ella su natural espontaneidad. Se mostró un poco reservada conmigo, lo que reavivó mis temores. Una vez que hubimos tomado el té, ella abandonó la estancia y al cabo de unos minutos volvió con los dibujos que habÃa estado examinando. Se acercó a su padre y dijo:
—He estado reflexionando acerca de lo que dijiste hoy sobre el significado oculto de esos cielos y corazones…
—¿Y con qué resultado, querida? —preguntó el señor Trelawny ásperamente.
—Creo que hay otra explicación posible.
—¿Cuál? —inquirió su padre con ansiedad.
—Pues que el Ka entre en el Ab cuando el sol se pone, y sólo puede abandonarlo al amanecer.
—¡Continúa! —la apremió el señor Trelawny.