La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Vamos a quitar los vendajes del gato embalsamado. Esta noche la reina Tera no necesitará a su espÃritu familiar. Si lo precisara, podrÃa ser peligroso para nosotros, de modo que tomaremos precauciones. ¿Estás alarmada, querida?
—¡Oh, no! —se apresuró a responder ella—. Pero pensaba en Silvio, y en el dolor que me producirÃa si fuese su momia la que os dispusierais a descubrir.
El señor Trelawny tenÃa a punto unos cuantos cuchillos y otros instrumentos cortantes y colocó el gato sobre la mesa.
Comenzamos a trabajar. El corazón me dio un vuelco cuando me puse a pensar en lo que podÃa llegar a ocurrir en aquella casa solitaria. El susurro del viento, que soplaba ominoso, incrementaba la sensación de aislamiento, asà como el rumor de las olas, que rompÃan contra las rocas, más abajo. Pero me sobrepuse, pues tenÃamos una tarea que cumplir.