La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas El momento se acercaba con inconcebible lentitud; pero, al final, se oyó el chirrido de las ruedas que anunciaban la inminencia de la hora. El sonido de la campanilla de plata del reloj de pared pareció golpear nuestros corazones como un anuncio de condenación eterna. ¡Una! ¡Dos! ¡Tres!
La llama prendió en los pabilos de las lámparas y yo encendí la luz eléctrica. Bajo el débil parpadeo de aquéllas y el claro brillo de ésta, la estancia y lo que contenía adquirió una extraña forma, como si todo hubiese cambiado de golpe. Esperamos, con el corazón en un puño. Fuera seguía arreciando la tormenta; las persianas que cubrían los estrechos agujeros abiertos en las paredes vibraban y crujían como si algo pugnara por entrar.