La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Mis ojos habían quedado casi ciegos a causa de aquella luz terrible y paralizadora, de forma tal que apenas podía dar crédito a lo que veía. Algo de color blanco surgía del interior del sarcófago abierto. Algo que a mis torturados ojos les pareció una especie de bruma tenue y blanca. En el centro de aquella bruma, tan borrosa y opaca como un ópalo, algo que parecía una mano sostenía una joya fulgurante de la cual escapaban múltiples haces luminosas. Cuando él violento fulgor del cofre se unió a aquel resplandor nuevo y viviente, el verde vapor que flotaba entre ellos se convirtió en una cascada de brillantes puntos… ¡un milagro de luz!
Justo en aquel instante se produjo un cambio. La violenta tormenta que azotaba las gruesas persianas se alzó con la victoria. Con un sonido semejante al de un disparo de pistola, el pestillo de una de ellas se rompió y la persiana golpeó contra la pared, girando sobre sus goznes. De inmediato penetró en la cueva una terrible ráfaga de viento que hizo oscilar las llamas de las lámparas y desvió el curso del vapor verdoso.