La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Me dirigí entonces hacia la vitrina. Contenía objetos sumamente valiosos, entre los que vi algunos grandes escarabajos de oro, ágatas, jaspe verde, amatista, lapislázuli, ópalo, granito y porcelana de color azul verdoso. Afortunadamente, ninguno de aquellos objetos había sufrido ningún daño, pues la bala había atravesado la parte superior de la vitrina y sólo había roto el cristal. Observé entonces la extraña disposición de los objetos que había en el estante. Todos los escarabajos, sortijas, amuletos, etcétera, estaban colocados describiendo un arco en torno a una miniatura de oro grabada con extraordinaria maestría y que representaba un dios con cabeza de halcón coronada por un disco y unas plumas. No me entretuve en estudiarlo, ya que otros asuntos requerían mi atención, pero decidí que en cuanto tuviese tiempo haría un registro minucioso. Era evidente que aquel extraño olor egipcio, mezcla de betún, resina y especias, procedía, en gran medida, de la vitrina, pues debido a la rotura del cristal se percibía incluso con mayor intensidad que en otros lugares de la habitación.
Ocupé pocos minutos en estas observaciones. De inmediato me asombró descubrir por las rendijas de los postigos el resplandor del amanecer. Después, me acerqué al sofá y volví a encargarme del torniquete, y la señora Grant abrió las ventanas.