La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Cuando sir James se hubo marchado, permanecimos por un rato en silencio. El primero en hablar fue el doctor Winchester.
—Como médico, debo admitir que el doctor Frere está en lo cierto. Creo que fue un despropósito poner condiciones para que se hiciera cargo del caso. Sin embargo, me parece que no ha entendido el misterio que lo envuelve, y que las instrucciones del señor Trelawny nos atan de pies y manos. Por supuesto…
—Doctor Winchester —le interrumpió la señorita Trelawny—, ¿quiere usted también abandonar el caso, o está dispuesto a continuar bajo las condiciones que ya conoce?
—¿Abandonar el caso? ¡Jamás! Mientras él siga con vida, no renunciaré.
Ella no dijo nada, pero tendió una mano, que él tomó cálidamente.