Los poderes de la oscuridad
Los poderes de la oscuridad Corrí escaleras abajo hacia el vestíbulo para buscar al conductor y decirle que estaba listo para partir, pero la puerta principal estaba cerrada y asegurada con una enorme barra. No había posibilidad de salir por allí.
Al volver al comedor me di cuenta de que no había ninguna comida servida en la mesa. Fui a la habitación octogonal y pisé el botón de la puerta secreta, con la esperanza de escapar del castillo por ese camino, pero allí también estaba todo cerrado con llave.
Comprendí que ahora me hallaba encerrado dentro del castillo, como un ratón en una trampa.
Todo el edificio parecía estar vacío. El escritorio del conde estaba limpio y las estanterías casi también. Los artículos de escritorio habían desaparecido, solo quedaba allí el anillo.
Dieron las seis, las siete, las ocho en punto. El crepúsculo se avecinaba. El castillo estaba sumido en una quietud absoluta. Empecé a sentirme débil por la falta de alimento. Traté de abrir a la fuerza la puerta secreta, pero no conseguí hacerlo.
Ya no tenía ninguna duda de que el conde me había encerrado a propósito, para que falleciera de inanición en esta horrible tumba o quizá para que me enfrentase a un destino todavía peor.