Poemas de amor
Poemas de amor No, no eras hijo mío. No me habías nacido del árbol intrincado y blanco de las venas, ni de los ríos liliputienses y rojos que las habitan, ni del tronco pálido y febril de la médula, ni del polvo color de luna que, comprimido, duerme en los huesos. Naciste de seres cuyos rostros y nombres ignoro. Y Sin embargo te anudaba en mis brazos para protegerte de todo ruido, y mecíate con un compás de péndulo, largo, grave, solemne... Y Rehuía, entonces, tu boca y buscando tu frente dejaba correr a lo largo de tu cuerpo abandonado el caudal temblante y profundo de mi vida.