La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Había ido con su ama a visitar a algunos parientes de ésta a la pequeña aldea de T., cerca del río Ohio, por lo que conocía bien la carretera. La primera parte precipitada de su plan de huida era ir allí, cruzando el río Ohio; después, sólo le restaba confiar en el Señor.
Cuando empezaron a circular por la carretera caballos y vehículos, se dio cuenta, con esa percepción aguda propia de un estado de excitación y que parece ser una especie de inspiración, de que su paso acelerado y su aspecto perturbado podían despertar sospechas y suscitar comentarios. Por lo tanto, dejó al muchacho en el suelo y, ajustándose el vestido y el sombrero, siguió caminando a una velocidad que le pareció correcta para salvar las apariencias. Había puesto en el pequeño atado pasteles y manzanas, que utilizó como recursos para acelerar el paso del niño, haciendo rodar las manzanas unas yardas delante de ellos para que el muchacho fuera corriendo con todas sus fuerzas para alcanzarlas; esta treta, repetida muchas veces, les hizo adelantar muchas millas.