La Cabaña del tío Tom

La Cabaña del tío Tom

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Con este presupuesto, se paró al mediodía en una bonita granja para descansar y comprar algo de comida para el niño y ella, porque, al disminuir el peligro, se aminoró la tremenda tensión de su sistema nervioso y se dio cuenta de que estaba cansada y hambrienta.

La buena mujer de la casa, amable y charlatana, estaba más bien contenta de tener a alguien con quien hablar, y aceptó sin cuestionar la declaración de Eliza de que «iba un poco más allá, para pasar una semana con unos amigos», cosa que, en el fondo de su corazón, esperaba que resultara ser la pura verdad.

Una hora antes de la puesta del sol, entró en la aldea de T., junto al río Ohio, cansada y con dolor de pies pero aún animada. Primero miró el río, que, como el río Jordán, se interponía entre ella y el Canaán de libertad del otro lado.

Era el principio de la primavera y el río estaba crecido y turbulento; grandes moles de hielo flotaban de un lado a otro en las aguas turbias. A causa de la forma peculiar de la orilla de la parte de Kentucky, donde la tierra forma un gran recodo, había grandes cantidades de hielo acumuladas, y el estrecho canal que rodeaba este recodo se hallaba lleno de placas de hielo amontonadas unas encima de otras, haciendo de barrera temporal para el hielo que flotaba río abajo, que se apilaba creando una gran masa flotante que llenaba todo el río y llegaba casi a la orilla de Kentucky.


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