La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Después de cabalgar alrededor de una hora de esta manera, toda la cuadrilla desembocó precipitada y tumultuosamente en el corral de un gran rancho. No se veía ni un alma, pues todos los braceros estaban trabajando en el campo; pero era evidente que habían llegado al final del camino, puesto que el granero se extendía de manera notoria de parte a parte de la carretera.
—¿No se lo decía yo al amo? —dijo Sam, con aire de inocencia ultrajada—. ¿Cómo va a saber más un caballero forastero del país que un nativo?
—¡Sinvergüenza! —dijo Haley—; sabías esto todo el tiempo.
—¿No le he dicho que lo sabía, y no ha querido creerme? Le he dicho al amo que estaba todo vallado y todo cerrado y que no creía que pudiésemos pasar; me ha oído Andy.
Era todo demasiado cierto para disputarlo, y el desgraciado comerciante no tuvo más remedio que aguantarse la ira con el mejor talante posible, y los tres hombres dieron la vuelta y se encaminaron a la carretera principal.