La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Fácil! Nadie lo hubiera podido hacer sin la ayuda del Señor. Pero —dijo Sam— fue asà exactamente. Haley y yo y Andy nos acercamos a una pequeña taberna junto al rÃo, y yo iba un poco adelantado (estaba tan ansioso por coger a Lizy que no me podÃa refrenar por nada) y cuando llego a la ventana de la taberna, allà estaba ella a la vista de todo el mundo y ellos estaban justo detrás de mÃ. Entonces, pierdo el sombrero y armo bastante escándalo como para despertar a los muertos. Claro que me oye Lizy y se echa hacia atrás cuando pasa el señor Haley por la puerta; y después, le digo, salió por la puerta lateral; se fue a la orilla del rÃo; el señor Haley la vio y gritó y él y yo y Andy fuimos detrás de ella. Se acercó al rÃo y la corriente se extendÃa hasta diez pies de la orilla y al otro lado el hielo se sacudÃa y zarandeaba, como si fuera un gran islote. Nosotros nos acercamos y yo creÃa que ya la tenÃa, cuando soltó un alarido como nunca he oÃdo antes y allà estaba, al otro lado del agua, sobre el hielo, y entonces siguió chillando y saltando, ¡el hielo crepitaba y crujÃa y rechinaba y ella saltaba como un gamo! Señor, los saltos que es capaz de dar esa muchacha no son una cosa normal, me parece a mÃ.
La señora Shelby se quedó sentada inmóvil y pálida de emoción mientras Sam contaba su historia.
—¡Bendito sea Dios, no está muerta! —dijo—, pero ¿dónde está la pobre criatura ahora?