La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom El tema parecÃa interesar mucho al caballero; mientras que el señor Shelby pelaba pensativo una naranja, empezó a hablar de nuevo, con decoroso apocamiento, como si la fuerza de la verdad le empujara a decir unas palabras más.
—No está bien visto que uno se elogie a sà mismo, pero lo digo porque es la verdad. Se dice que importo los mejores rebaños de negros de todos, por lo menos eso se dice; me lo han dicho más de cien veces, en cualquier caso, gordos y prometedores, y pierdo menos que cualquier otro comerciante. Y yo lo achaco todo a la organización, señor; y la humanidad, señor, si me permite, es el pilar de la organización.
El señor Shelby, al no saber qué decir, dijo simplemente: —¡Vaya!
—Mis ideas han sido motivo de escarnio, señor, y de crÃticas. No son bien vistas, ni son corrientes; pero yo sigo en mis trece; yo sigo en mis trece y asà me va; sÃ, puedo decir que he amortizado su pasaje —y el comerciante se rió de su broma.
HabÃa algo tan provocativo y original en estas dilucidaciones de humanidad, que el señor Shelby no pudo menos que reÃr también. Quizás te rÃas tú, también, querido lector; pero sabes que la humanidad se presenta hoy dÃa de muchas maneras peculiares, y no hay lÃmite a las cosas extrañas que dice y hace la gente humanitaria.