La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Funcionó a la perfección. Ningún ser pobre, sencillo y virtuoso fue engatusado nunca por las atenciones de un político en plena campaña electoral más fácilmente que la tía Chloe fue embaucada por la afabilidad del señorito Sam; y si hubiera sido el mismísimo hijo pródigo, no lo hubiesen colmado de más munificencia maternal; y pronto se encontraba sentado, feliz y glorioso, delante de una gran cazuela que contenía una especie de olla podrida[11] con todo lo que se había servido en la mesa durante los últimos dos o tres días. Sabrosos bocados de jamón, dados dorados de torta, fragmentos de pastel de cada forma geométrica imaginable, alones, mollejas y muslos de pollo: todo aparecía en una mezcla pintoresca; y Sam, monarca de todo lo que veía, con la hoja de palmera alegremente ladeada, mirando condescendiente a Andy, sentado a su derecha.