La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom ¡A nuestro buen senador no le había hecho sombra en su estado natal ninguno de sus homólogos de Washington en el ejercicio de la clase de elocuencia que les ha granjeado el renombre inmortal! ¡Con qué majestuosidad se quedó sentado con las manos en los bolsillos burlándose de la debilidad sentimental de los que anteponían el bienestar de unos cuantos fugitivos miserables a los importantes intereses del estado!